¿Qué significa ser una persona resiliente?

Resulta común ver personas que tras un evento doloroso, difícil o traumático, logran volverse más fuertes, más felices y con más capacidades de salir adelante. Existen varios ejemplos de personajes famosos que tras pasar por este tipo de experiencias fáciles, se han convertidos en personas más fuertes y se han recuperado; eso es la resiliencia: la capacidad de salir de situaciones complicadas fortalecido. 

Ejemplos hay de sobra: Stephen Hawking, Christopher Reeve, Eric Abidal Maria de Villota, entre otros, son personas que han pasado por momentos de gran dificultad en su vida pero que aún así han salido adelante y han usado estas experiencias como un aprendizaje  y una posibilidad de crecimiento. No es fácil salir de un cáncer agresivo, quedar en silla de ruedas de por vida o perder una parte del cuerpo, sin embargo, estos personajes supieron utilizar esto a su favor y no dejar de hacer sus actividades y pasiones enfrentando la vida de la mejor manera. 

De acuerdo con la RAE, la resiliencia es la “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. De acuerdo con los estudios recientes, se piensa que la resiliencia como concepto surge de la física. Según la cual, este concepto hace referencia a la capacidad que tienen algunos metales para doblarse y luego volver a su posición original cuando se deja de ejercer presión sobre ellos.

Por su parte, en la psicología, disciplina en la cual se acuña el término por primera vez para categorizar fenómenos humanos, “se usa la metáfora de los juncos” para explicar el concepto,. “Cuando el caudal aumenta considerablemente, los juncos de los ríos se doblan, sin romperse y sin quebrarse, y luego vuelven a su posición original cuando las aguas recuperan su aspecto habitual”, añade. Pero aún permanece la pregunta: ¿Qué determina nuestra resiliencia o por qué algunas personas pueden desarrollarla y otras no?


La resiliencia es entonces una habilidad que muchas personas tienen y que no necesariamente está determinada por la genética o por los antecedentes familiares. Es posible, de hecho, aprender a ser resiliente con el tiempo. Adquirir esta habilidad a lo largo de la vida es algo que se puede lograr con esfuerzo. De hecho, se ha observado en algunos estudios que las respuestas resilientes están entre un 30 y un 50%, contrario a lo que se esperaría. Inclusive, es posible que haya personas que se sorprendan a sí mismas cuando se dan cuenta de su capacidad de ser resilientes. 

Lo difícil de poder saber si que cuenta con esta habilidad o si la puede desarrollar es que se debe pasar necesariamente por una situación difícil.  Según un reconocido académico de la Universidad Complutense de Madrid, “la persona (y esto enlaza con otro concepto psicológico que se llama crecimiento tras la adversidad) descubre esas capacidades nuevas que desconocía y se siente mucho más seguro para enfrentarse a otras experiencias. Uno redescubre cuáles son sus determinados valores, y esto conduce a un cambio vital, de filosofía de vida”, agrega. 

Una de las personas que mencionamos anteriormente es María de Villota, quien después de perder un ojo en un accidente, siguió siendo piloto de Fórmula 1 y aumentó su fuerza y tenacidad en las competencias. Incluso se atrevió a afirmar que: “Ahora veo más que antes lo que es importante en la vida”, mostrando su capacidad de salir adelante tras la situación que vivió y ser resiliente. 

En la antigüedad, se consideraba que las personas resilientes- no existía el término en ese entonces- eran personas enfermas y que no actuaban con normalidad. Se consideraba que esta habilidad era algo negativo y que no tenía ninguna lógica. Este rasgo se consideraba como una patología que mostraba una incapacidad de canalizar las emociones negativas producto de la vivencia de experiencias traumáticas. Se pensaba que aquellos que eran resilientes no estaban procesando sus emociones de manera adecuada, cuando por el contrario esto es algo completamente sano y normal. 

Sin embargo, es importante aclarar que algunas personas pueden sentir experiencias de dolor pero no experimentarlo en el ámbito social. Incluso, pueden mostrar frente a los demás que  no están experimentando ningún problema y que se sienten felices y continuar su vida de forma normal. Este tipo de actitudes no son resilientes sino que tratan de ocultar su tristeza y demostrar a los demás que no tienen ninguna preocupación. 

Uno de los factores que contribuyen a la resiliencia de una persona es la espiritualidad o religiosidad. Esto hace que las personas adquieran un sentido y propósito de vida más allá de las circunstancias que se presenten. A su vez, la religiosidad y espiritualidad, hacen que las personas tengan un circulo social de apoyo que les ayude a superar los traumas de forma más rápida y llevadera. Lo anterior, tiene que ver con que las personas que acuden a centros religiosos, pueden expresar sus sentimientos y emociones con gente que piensa de la misma forma que ellos y les da apoyo. 

Sin embargo, la flexibilidad en las creencias es importante puesto que el ser muy radical, es perjudicial ya que las personas tienen un pensamiento muy cuadriculado que obstaculiza la recuperación frente a las adversidades. 

Finalmente, lo importante de la resilencia es verle el lado bueno a toda situación, es tratar de ver la vida como una lección y que cada cosa que nos pasa cumple un propósito en nuestra historia, ya sea una buena o mala experiencia. Claramente no es fácil hacerlo y se requiere mucha paciencia y valentía pero vale la pena hacerlo porque después de todo, las situaciones difíciles siempre van a estar presentes y lo más importante es aprender a superarlas y darnos cuenta de las posibilidades que seguimos teniendo por delante. Nunca es demasiado tarde para volver a empezar ni para corregir errores del pasado y ninguna circunstancia es tan grave que no tenga solución alguna. Siempre habrá obstáculos por superar y cada vez que lo hagamos tenemos que tener presente que saldremos fortalecidos de eso; de eso se trata la resiliencia.