La humanidad nos habla acerca de la felicidad y nos invita a buscarla en todos los aspectos de nuestra vida, pero ¿Acaso es tan fácil poder lograr la felicidad absoluta? No lo creo, la felicidad no es algo que nace de un discurso motivacional, la felicidad no es algo que yace de las palabras de alguien más, la felicidad no es una acción, ni tampoco es un fenómeno. La felicidad va más allá y trasciende incluso de lo terrenal, la felicidad no se busca en libros ni tampoco en personas. La felicidad no se encuentra en un speaker ni tampoco en el dinero. La felicidad no está en ir a centros comerciales, la felicidad no es estar en un BMW; entonces ¿Qué es la felicidad? 

Con esta serie de preguntas comienza esta intervención, tratando de preguntarles a todos ustedes verdaderamente ¿Piensan que la felicidad es algo que tan fácilmente se puede conseguir? ¿La felicidad acaso es decirle a una persona “¿Mi vida”, la felicidad acaso es tener todo el dinero del mundo? ¿De qué sirve todo el dinero si la depresión consume toda nuestra vida? ¿De qué sirve estar todos los fines de semana bebiendo alcohol si nuestra vida está vacía? 

La felicidad no se finge con sonrisas ni se finge con abrazos y besos, la felicidad se tiene que buscar en lo que no se ha buscado porque hemos prostituido tanto la felicidad que la tratamos de hallar en cualquier caja de cereal. 

Está siendo tan común y recurrente hoy en día, ir en búsquedas de felicidades banales que, a la final, lo único que se está logrando es un innegable sentimiento de vacío y fracaso en las personas. Esta sociedad está absorta de tanta información que la invita a estar en la búsqueda de sus sueños y de la felicidad, pero nadie hace siquiera mención de lo que verdaderamente implica ser o estar felices, ni mucho menos en lo que es realmente la felicidad.

Llega pues, un sentimiento de hartazgo y cansancio por tanta saturación de la felicidad. De tanto que se anhela nadie verdaderamente la puede lograr; primero, porque se ha hecho relaciones proporcionales que asocian la felicidad con el mercantilismo; y, segundo, que en un desesperado intento de las personas por lograr conseguir lo que se nos ha vendido como felicidad, lo único que recibimos es la mayor insatisfacción posible porque no todos van a poder estar prestos a adquirir lo que se nos ha ofrecido como felicidad.

A través del tiempo, la idea de felicidad se ha desdibujado completamente. En otrora, la felicidad se concedía a partir de las cosas simples de la vida; jugar, reír, cantar, sentarse en el césped a contemplar el firmamento, la felicidad no se compraba.

¡Amigos! La felicidad es un elemento importante y necesario para poder vivir, pero lo primero que se debe hacer para lograr esa felicidad es saber para qué estamos hechos en este mundo, cuál es nuestro papel en la sociedad, cuál ha sido nuestro propósito ¿Acaso nuestro propósito es estar en depresión? ¿Acaso nuestro propósito es vivir en problemas día a día? ¿Acaso nuestro propósito es estar en calamidad o en escasez? ¡NO! Preguntémonos pues cuál es el propósito de esta humanidad. La prensa, la gente e incluso nosotros mismos vivimos en un éxtasis de felicidades falsas porque no sabemos verdaderamente lo que significa ese concepto. Necesitamos primeramente redefinir cuál es nuestro papel en este mundo, pero también necesitamos saber qué debemos hacer para llegar a ese propósito sumo; y no me refiero a un propósito material, me refiero a un propósito que trascienda porque la verdadera felicidad está en ayudar, está en hacer feliz a alguien más. 

No somos más felices cuando tenemos más dinero, no somos más felices cuando tenemos más carros, no somos más felices cuando tenemos más parejas a nuestro lado; somos más felices cuando sabemos y reconocemos que nuestra felicidad está en ayudar a los demás, somos más felices cuando reconocemos que necesitamos brindar ayuda a aquel que no la tiene, somos más felices cuando damos incluso hasta lo que no tenemos a alguien para que pueda estar alegre. 

Así pues, todos los días la música, los diarios, la televisión hablan y hablan acerca de la necesidad de hacer cambios en nuestra humanidad. Día a día la radio, las noticias nos recuerdan la indolencia de esta humanidad que no ha aprendido su papel esencial aquí. Escribir por escribir no es motivo, escribir por un sentido, por dejar alguna lección que pueda llegar a sus corazones; y no hablo desde la perfección porque nadie es perfecto. Pero sí hablo desde las ganas de que todas las personas puedan lograr sentirse bien, puedan dejar de sentirse miserables y puedan estar contentas consigo mismas. 

Porque la felicidad solamente se va a lograr cuando reconozcamos que somos valiosos; porque cómo podemos hablar de estar en contra de las injusticias del mundo, si somos duros aún con nosotros mismos ¿Qué sentido tiene hablar de cambios, qué sentido tiene hablar de revoluciones, qué sentido tiene hablar de justicia? Cuando aún no tenemos justicia ni con nosotros mismos; saquemos pues esa actitud ganadora que cada uno llevamos dentro. Porque nuestra victoria está en la fortaleza de nuestro corazón; porque nuestra victoria está en la fortaleza de nuestra alma. Porque somos mejores cuando sonreímos, porque somos mejores cuando ayudamos.

Pero aún, podemos ser mejores cuando nos empecemos a querer a nosotros mismos, porque solamente así podremos empezar a cambiar este mundo, porque este mundo no necesita justicieros, este mundo lo que necesita es gente que se ame y que se respete, porque ¿Acaso cómo vamos a respetar a los demás si no nos respetamos a nosotros mismos? Aún, que consciencia podremos tener con nuestra vida, con nuestro entorno, con nuestro ambiente, si aún nuestro cuerpo no nos interesa, si aún no nos respetamos a nosotros mismos. 

¡Démonos primero nuestro lugar antes de pretender darle el lugar a los demás! La felicidad no está allá afuera, la felicidad está en tu corazón.