La manera en cómo nos relacionamos los seres humanos es una herencia cultural, esta herencia moldea nuestra perspectiva de la vida y lo que entendemos por bueno y malo. A partir de esta construcción cultural, los humanos vamos creando patrones de comportamiento que se comparten entre generaciones. Una de esas creencias es el amor romántico. 

El amor romántico nos ha llevado a encasillar el amor en un conjunto de comportamientos específicos, y todo lo que se salga de ese estereotipo, no es amor. Entre la lista de cosas que la cultura nos ha llevado a creer que es el amor, se encuentra el sufrimiento.

Para muchas personas es totalmente  necesario que su pareja deje de hacer o haga cosas para demostrar que en realidad están enamorados. De esta manera, el sacrificio se vuelve un intercambio en las parejas y aquellas que se niegan a sacrificarse por la otra persona, son calificadas de egoístas.

Creo que es hora de cuestionarnos todo aquello que nos enseñaron del amor. Para empezar, todas las personas manifiestan su amor de maneras distintas. Para algunas, la mejor manera de transmitir sus sentimientos es por medio de las palabras, estas personas suelen escribir poemas, enviar mensajes diariamente, escribir cartas o dedicar canciones. Otras personas manifiestan su amor por medio de la incondicionalidad, siempre están presentes y adoran ayudar a los demás, de otro lado hay quienes demuestran su amor por medio de detalles, este tipo de personas va por la calle y si ve algo que quizás te gustaría, paran en las tiendas y te hacen obsequios. Las maneras de expresar el amor son infinitas, no siempre son iguales y cambian constantemente en todo tipo de relaciones. 

Entre todas las formas de expresar el amor, hay una que debemos replantearnos, el sacrificio. Muchas personas suelen exigirle a su pareja que les demuestre su amor por medio de acciones que a ellos no les agrada hacer, o les piden que se abstengan de hacer cosas que son habituales para sus parejas. Un ejemplo de esto son los y las amigas de nuestro novio/a. 

Es más común de lo que parece que en medio de una relación, alguno de los dos o los dos  tenga prohibido hablar y salir con sus amigos (o un amigo en específico). Estas medidas represivas tienen en su origen la inseguridad. Cuando le prohíbes a tu novio o novia que salga con uno de sus amigos, le estás pidiendo que se sacrifique por ti, pero en realidad le pides que se abstenga de vivir su vida ya que eso te causa desconfianza. Si no puedes vivir en paz sin saber con quién y dónde está tu pareja, ¿realmente vale la pena?

Otro ejemplo puede ser pedirle a tu pareja que te acompañe a lugares donde él o ella en definitiva no quieren ir. No creo que haya algo peor que obligar a alguien a ir a un lugar a donde no quiere ir. ¿Para qué quieres ir con alguien que no se siente a gusto en dónde está? Realmente quieres su compañía incluso si se siente incómodo y molesto? 

El sacrificio no es amor. Lo fundamental es que el amor propio siempre debe primar que el amor hacia nuestra pareja. No tenemos que posponer nuestra felicidad para darle a otro lo que desea. Cuando aceptamos a nuestra pareja tal y como es y preferimos que sus acciones se basen en su voluntad y deseo, entonces sus acciones cobran más valor. Tú pareja ya no te acompañara a algún lugar por obligación, sino que lo hará motivado por su amor a ti. 

Las relaciones basadas en los sacrificios se vuelven relaciones tóxicas en donde nadie hace lo que realmente quiere hacer y al contrario se vive con temor y hay un esfuerzo permanente. No se puede ser autentico, todas las acciones son aprobadas o desaprobadas y casi que se vuelve una tortura.

Hay que dejar en claro que en muchas ocasiones, las relaciones deben basarse en la tolerancia y el consenso, en algunas oportunidades es bueno ceder. Pero el consenso se debe dar en medio de un respeto total por el otro, por su bienestar y su felicidad. Exigirle constantemente a nuestra pareja que haga cosas que no quiere, solo resultará en una relación tóxica en donde pocas cosas son naturales, y por el contrario todo procederá del esfuerzo. 

EL MATRIMONIO

Retomando el concepto del amor romántico, vale la pena ejemplificar cómo se desarrolla el sacrificio en el matrimonio. La idea conservadora del matrimonio, lo entiende como una relación permanente (hasta la muerte), de dos personas. Aunque su raíz es el amor, la causa más noble de las relaciones, en algunas ocasiones se convierte en una verdadera tortura el pacto de “para siempre”. 

Cuando aceptas compartir TODO con una persona, aceptas entregarle tu vida por completo y las separaciones se vuelven más complejas. En casos en donde el amor se extingue, lo que mantiene el compromiso es el sacrificio. El sacrificio por mantener una relación para la eternidad. Este estereotipo ha conllevado a que algunas parejas decidan seguir juntas incluso si ya no se aman, con el único fin de cumplir un pacto que ya ha perdido toda validez porque ya no hay amor. Sin embargo, hay quienes se esfuerzan en mantenerlas y viven un sacrificio diario. Las cosas empeoran cuando el sacrificio se da por miedo a perder la estabilidad económica, la unión familiar o el qué dirán. 

Todos estos estereotipos han perjudicado al amor real, el amor que no sacrifica sino que entrega con voluntad. El amor no se fuerza sino que fluye, el amor no se siente obligado, sino libre. 

Vale la pena cuestionar la concepción de amor que nos heredaron, ¿realmente nos hace felices que nuestra pareja haga cosas que en el fondo no desea? ¿En realidad necesitamos que los demás se sacrifiquen por nosotros para sentirnos amados? 

Recuerda que el amor romántico no existe fuera de las películas, lo valioso está en reconocer, aceptar y amar la manera en el que el otro nos quiere manifestar su amor, aceptarlo sin reparo es la mejor manera de amar.